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  • YA SOLO NOS QUEDA LA MÍMESIS

  • En un tiempo donde la arquitectura tenía sentido, los molinos giraban al son del viento. Ligados a su esencia, funcionaban sin anteponerse al paisaje que enmarcaban. Servían a los habitantes que, fruto de su trabajo, directa o indirectamente, se nutrían de este son.

    Con la llegada de la industrialización este uso de los recursos naturales cayó en el olvido. El mundo rural se abandona para engendrar las grandes ciudades y el estallido demográfico degenera en una supuesta autosuficiencia. Así, la vida en el campo parece desvanecerse hasta parecer estorbar y el uso de los recursos naturales para satisfacer las necesidades fundamentales del ser humano se amaneran para someterle.

    Industrialización, globalización, TV y fast food. Los molinos casi han dejado de existir  y ni la Industrialización, ni la globalización, ni la Televisión, ni la comida rápida han sido capaces de tenderles una mano por lo que han aportado a la historia.

    Energía, ritmo y sostenibilidad, solo han quedado como parte de la arqueología o como aventura de D. Quijote de la Mancha.

    Pero la ciudad aún no los ha absorbido por completo y es esa poética la que nos hace reflexionar.


    18 de octubre de 2013

     

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